Y pareció que la llama que había prendido el 15M había comenzado a languidecer, o corría el riesgo de explosionar y dar al traste con las ilusiones de todos aquellos que decidieron convertir Sol, y las principales plazas de capitales de provincia, en un canto a la libertad y a la democracia real.
Y la desaparición de manifestantes dio lugar a "la invasión de las QUECHUAS" (entre ellas la mía) en una plaza cuyo discurso estaba empezando a difuminarse de una manera sombría y a mis ojos algo decepcionante. La caída del sol, en la que para mi siempre va a ser desde ahora la plaza de la Libertad, contagiaba a todos los indignados de esa especie de magia que se da en las comunas y en los festivales. Todos estábamos allí,o casi todos, con un firme propósito de protesta, con el ánimo de reivindicar un sistema justo e igualitario para LOS CIUDADANOS, reivindicar un futuro digno para una sociedad sedienta de justicia, sobre todo justicia. Pero reivindicar con una litrona en la mano a las 3 de la mañana a ritmo de palmas, cánticos de "Muchachito Bombo infierno" y hacer de una protesta una GOA, o una fiesta propia del Viña Rock... pues no es muy apropiado en estas circunstancias... con un más que probable desaolojo a la vuelta de la esquina, cortesía de Desalojos Aguirre S.A. Los indignados de palo que han acudido a sol a festejar la libertad en lugar de trabajársela han sido la excusa perfecta de los medios de comunicación para desvirtuar un mensaje, que parecía ya no interesar a los medios, ni al conjunto de la sociedad.
Empecé a desanimarme. Pese a colaborar en algunas de las comisiones del campamento junto a gente con un gran espíritu de cambio y un más que honorable sentido del respeto y de los más puros valores humanos, pese a conocer a jóvenes que SÍ ASISTÍAN A LAS ASAMBLEAS y colaboraban en las tareas comunes y distintos voluntariados... volvía a caer la noche y como vampiros sedientos de un líquido rojo (calimocho) los "chicos de la GOA" volvían guitarra en mano y con un aliento de alcohol viciado y vacío de discurso alguno.
Dolió, y mucho. No voy a negar que la impotencia a quebrado mi voz en más de una ocasión y que durante mi estancia en "Las Qechuas al sol" y que de no haber sido por toparme con verdaderos SOLES... habría perdido la esperanza a cerca de que nos pudiesen tomar en serio.











